Blair se valió del soplo de un taxista a un espía como pretexto para invadir Irak

«Oiga jefe, oído al parche, me ha soplado un taxista que ha escuchado a dos militares de Tirania que cuentan con armas de destrucción masiva y que pueden hacer papilla la sede de la TIA en 45 minutos. Habrá que informar al Super».

Podría tratarse de una viñeta de Mortadelo y Filemón; pero, del mismo modo, pudo ser la conversación que mantuvieron los miembros del MI6 que confeccionaron el informe para el Gobierno de Tony Blair y que fue esgrimido para defender la invasión de Irak.

Armas químicas

Según la agencia de inteligencia, un taxista iraquí les informó que había escuchado una conversación mantenida en su vehículo por dos altos mandos militares iraquíes sobre la posesión de armas de destrucción masiva, en concreto armas químicas, que podían ser disparadas en 45 minutos desde el momento de darse la orden.

Adam Holloway, parlamentario conservador por Gravesham, así lo indicó al rotativo The Times . Holloway dijo que el taxista había soplado la información a un agente británico (un alto cargo militar iraquí), dos años antes de la invasión, lo que no evitó que Downing Street lo desempolvara para agregarlo a su informe, eliminando previamente una nota a pie de página en la que se advertía de la escasa fiabilidad de la fuente.

Base en Chipre

Lo siguiente que se hizo fue buscar un enclave británico que pudiera ser alcanzado por los misiles iraquíes y se halló la base militar británica en Chipre, aunque en el informe no se decía que los misiles no podían alcanzar el Reino Unido.

Los «45 minutos» dieron lugar a que la prensa inglesa hablara durante días de la amenaza iraquí y resultó ser el principal componente del informe presentado por Blair para defender su intervención militar en Irak.

Durante la sesión de ayer de la Investigación Chilcot, el «Super» del espionaje británico en 2002, sir John Scarlett, declaró que no existía una «intención consciente de manipular la información». Scarlett firmó el documento en el que se recogía el soplo del taxista iraquí, y lo hizo, según declaró, «sin ninguna presión ministerial».


Fuente: La Voz

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