Con la Cumbre del Milenio recién finalizada, las conclusiones que se pueden extraer no son muy optimistas. Ésta debió ser también el enfoque que desde un inicio tenía en mente el propio Secretario General de las Naciones Unidas, pues desde un inicio no buscó que los donantes realizasen un mayor esfuerzo económico en pro de los ODM, sino que su discurso se asentó en todo momento en que lo necesario era mejorar la eficacia y eficiencia de las inversiones realizadas, que no era cuestión de gastar más, sino mejor.
Con estas perspectivas, una de las estrellas en esta cumbre fue la Tasa Tobin. Cada cierto tiempo es una idea que surge y se repite cíclicamente como receta para los males del mundo. Obviamente no es una idea nueva, ni se reinventa en cada ocasión que resurge (aunque sí presenta variaciones técnicas significativas que no vamos a abordar aquí), pero sí hay un hecho diferencial que se puede constatar en el transcurso del tiempo y es que las instancias desde las que se va promulgando varía en cada ocasión. En un inicio era considerada una idea utópica que se consideraba irrealizable técnicamente y que sólo era proclamada por la izquierda más idealista. Con el paso del tiempo la tasa Tobin ha ido ganando posiciones institucionales y pasó a ser publicada por organismos y personajes de relevancia internacional (eso sí, en una versión cada vez más reducida, ya que la última propuesta habla de una tasa del 0,005% frente al 0,1% original). Es un gran paso pues, de cara a un futuro, que personajes tan diversos pero relevantes en términos institucionales como Sarkozy o Zapatero hayan abordado el tema, es importante que el tema esté de nuevo en la agenda internacional y haya sido retomado con cierto interés.
Lo que confirma esta evolución en el tiempo es que la tasa sí es viable técnicamente (con sus pros y contras), y sólo la voluntad política (falta de) difumina una y otra vez cualquier posibilidad de éxito real de una herramienta como esta. Especialmente beligerantes se muestran las plazas financieras más importantes (aquí en Europa Londres) y sus operadores. Si las propuestas de Sarkozy y de Zapatero en la Cumbre fueron sinceras o producto de estrategias de imagen (deportaciones masivas de gitanos, crisis, etc...) es otro tema del que también se podía hablar.
Un mérito atribuíble a esta tasa es que ha arrojado luz sobre la inmensa cantidad de capital especulativo que cada día se mueve en los principales circuitos financieros, sin más límite ni objetivo que el beneficio propio y obviando la estabilidad de países enteros, sectores productivos, precios de bienes básicos, etc...
En resumen, dentro de una gris cumbre, es agradable ver exposiciones de alternativas para que estas puedan ser analizadas justamente y ser tenidas en cuenta, como por ejemplo también la creación de fondos fiduciarios especiales con las nuevas emisiones de derechos especiales de giro (DEG). Todas las alternativas que sean viables tras un minucioso análisis técnico deben ser tomadas en cuenta, y esto último ya pertenece a la política.
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